Lecturas con preguntas de comprensión, reflexión y opinión en fichas listas para imprimir.
Ana vivía en un barrio tranquilo de Madrid. Cada tarde, después del colegio, bajaba al parque. Era su lugar favorito. Había columpios, un tobogán y muchos árboles. Pero un día, Ana vio algo diferente. Al fondo del parque, bajo un viejo castaño, había un banco de madera. Estaba muy estropeado. La pintura se había caído. Nadie lo usaba. Parecía triste y olvidado.
Ana tuvo una idea. "Este banco podría ser bonito otra vez", pensó. Corrió a casa y buscó en el trastero. Encontró un bote de pintura azul que le sobró a su abuelo de una obra. Estaba un poco seco, pero serviría. Le pidió ayuda a su abuelo. Él, que era manitas, sonrió y dijo: "¡Claro que sí, pequeña! ¡Vamos a darle una nueva vida!".
Al día siguiente por la tarde, Ana y su abuelo fueron al parque. Llevaban la pintura, brochas y unos periódicos. Primero, limpiaron el banco. Quitaron el polvo y la suciedad. Luego, con cuidado, empezaron a pintar. Ana pintaba los bordes. Su abuelo, las partes más grandes. Se reían y hablaban mientras trabajaban. El banco azul cobraba vida poco a poco. Cuando terminaron, el banco lucía precioso. Era de un azul brillante. Dejaron que se secara al sol.
Al día siguiente, Ana volvió al parque. Sonrió al ver que una pareja de ancianos estaba sentada en el banco. Leían el periódico tranquilamente. Más tarde, unos niños jugaban cerca y una madre se sentó a observarles. El banco ya no estaba olvidado. Ana se sintió muy contenta. Había aprendido que un pequeño gesto puede cambiar mucho. Su banco azul era ahora un rincón de felicidad en el parque.
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