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Un sitio para el dragón
Lecturas con preguntas de comprensión, reflexión y opinión en fichas listas para imprimir.
Vista de la ficha
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Un sitio para el dragón
El dragón de Inés tenía escamas verdes, alas de cartón y una cola casi tan larga como su brazo. Lo había construido para el teatro de su clase. En la historia, debía aparecer por la ventana de un castillo y pedir un vaso de agua.
El día del ensayo, Mateo sujetó el pequeño escenario sobre una mesa mientras Inés acercaba su dragón. La cabeza entraba por la ventana, pero las alas se quedaban fuera. Al intentar girarlo, una torre cayó sobre el mantel.
—Podemos recortarle las alas —propuso Mateo.
Inés escondió las tijeras debajo de una hoja. Había pasado la tarde anterior pegando cada pluma de papel y no quería cortar ninguna. Sin embargo, tampoco podían quitar la ventana: por ella tenían que asomarse otros personajes.
Durante el recreo, se quedó mirando el castillo. El dragón descansaba detrás y solo se veía la punta de su cola. Cuando Mateo volvió con una caja vacía, Inés le pidió que la colocara junto al escenario.
—¿Y si el dragón llama a la puerta?
La caja podía convertirse en un patio. Allí cabían las alas abiertas, aunque tendrían que cambiar algunas frases. Mateo probó a sacar al rey por un lateral. Como el vaso de la obra era diminuto junto al dragón, ambos se echaron a reír.
Escribieron una frase nueva: el rey ofrecería traer una jarra. Después ensayaron la entrada varias veces para que la cola no derribara el castillo.
Al día siguiente, cuando llegó su turno, Inés hizo sonar tres golpes detrás de la caja. El rey abrió la puerta y se encontró con una enorme nariz verde.
—Venía a pedir un vaso de agua —dijo el dragón.
Mateo miró el vasito que llevaba en la mano. Antes de que pudiera contestar, la primera fila empezó a reír.
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